20 sept. 2013

Los suecos y su pasión por los coches antiguos


Una de las cosas que nos llamó la atención nada más llegar a Suecia fue la cantidad de coches antiguos que se veía en las calles. Cuando digo coches antiguos no me refiero a viejos sino a clásicos, el matiz es importante. Coches de los años cincuenta o sesenta, la mayoría americanos y en un estado de conservación impecable. Al principio pensábamos que sencillamente habría muchos frikis de este tipo de vehículos que aprovechaban el buen tiempo para sacar a pasear sus descapotables. Pero no es solo eso, aquí hay una auténtica subcultura que no entiende de edades. Te los encuentras circulando por pueblos pequeños (como la foto de arriba, tomada en  Lörudden), en la playa o el aparcamiento del Mediamarkt, como los dos que se encuentra bajo estas líneas.



Muchos de estos amantes de los coches clásicos tienen sus propios clubes alrededor de todo el país y celebran sus propios desfiles. Como, por ejemplo, la Semana del coche clásico de Rattvik, una de las citas imprescindibles para los que disfrutan de estas auténticas joyas de la historia de los automóviles. Son muchas las ciudades que con más o menos envergadura organizan este tipo de encuentros y Sundsvall no se queda atrás. Tiene su propio festival en julio y aprovecha cualquier oportunidad para volver a mostrar con orgullos sus coches. La última vez fue durante la celebración del Stenstansdagarna del que ya hablé en otro post. Aquí añado algunas fotos de los coches que se pasearon por la ciudad.




Para que os hagáis una idea de a lo que me refiero, aquí van algunas cifras que he encontrado en un artículo. Los suecos presumen de tener más coches americanos restaurados que los propios americanos. Cada año, Suecia recibe por mar más de cinco mil coches -como Pontiac Silver Streaks o Plymouth Road Runners- que tendrán como destino el garaje de unos suecos apasionados por la restauración. Porque… no lo he mencionado pero, obviamente, ellos mismos restauran sus coche. No podría ser de otra forma en el país del Ikea. En muchas familias es una especie de tradición que incluso se inculca de padres a hijos. Solo hace falta un buen garaje lleno de herramientas y muchas ganas de devolver a la vida a unos coches con muchas historias sobre sus cuatro ruedas. Después de tanto trabajo, por supuesto que están deseando lucirlo en las calles ¿y quién no?

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