14 oct. 2013

¿Pescar yo?... bienvenida a Suecia



Mi relación con los pescados es prácticamente nula, nunca ha ido más allá del “pescaito frito” sobre la mesa de un bar o los intentos de mi padre por hacernos comer pescado a mí y a mis dos hermanos. Ahora, ya de mayor, el pescado me gusta pero no me fascina y en cualquier caso, solo suelo comerlo cuando me lo dan ya todo hecho, es decir, el pescadito limpio y cocinado, por eso normalmente el pescado es solo una opción cuando como fuera de casa. Sí,sí… he salido “comodona” ¡qué le vamos a hacer! Pero…. resulta que aquí en Suecia uno de los grandes pasatiempos es la pesca y yo soy de la opinión que “allá donde fueres…”

Por eso hace un par de semanas madrugamos un domingo y nos pusimos en marcha para disfrutar de nuestro primer día de pesca. La ocasión vino a través de los primeros amigos españoles que hicimos aquí, José y Javier, que son grandes aficionados. Así tuvimos también oportunidad de ampliar el grupo de conocidos al que se sumaron otras nacionalidades como la chilena con Ricardo y la serbia con Suzana, y el resultado fue un grupo de lo más variado dispuesto a echar un día en plena naturaleza en buena compañía, alternando el español y el sueco.



Empezamos la ruta. Dirección Backsjön, en la vecina provincia de Jämtland. Lo cierto es que viajar en coche por este país es una gozada por los paisajes y la naturaleza que te rodean. La primera parada fue para recoger agua en una pequeña fuente natural que a nosotros nos hubiera pasado totalmente desapercibida. Después, una parada técnica en una especie de pequeña aldea de la que salimos con el coche lleno de leña, con chorizos de distintos tipos que hace artesanalmente un señor de la zona y un papelito que nos permitía pesca en los alrededores.

El lago resultó ser un lugar absolutamente espectacular. Después de dejar el coche a un lado de la carretera y adentrarnos un poco en el bosque, nos encontramos con una estampa de esas que parece que solo puedes encontrar en las revistas de viaje. Un bosque sacado de un cuento y un inmenso lago. Un pequeño cobertizo de madera para guarecerse del frío. Y el silencio. Naturaleza en estado puro.

Disfrutamos del día como si fuéramos dos niños pequeños, asombrándonos por cada pequeño detalle. Paseamos, cortamos leña para una pequeña candela (importante detalle porque el frío ya se dejaba notar), charlamos, reímos y aunque lo de pescar al final quedó en manos de los tres profesionales que nos acompañaban, nosotros sacamos algún que otro pescado del agua y, además, nos comimos un par de ellos envueltos en papel de plata y cocinado en las brasas del fuego.


No se puede pedir más para un domingo. Un sitio mágico y nuevas amistades con las que disfrutarlo. Creo que podría aficionarme a esto sin ningún problema ;D

P.D. Lo de la pesca en el hielo no sé si lo tengo tan claro, ¡aunque si hay que probarla se prueba!

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