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14 ago 2013

Härnösand y el declive del verano



Hace casi una semana que parece que el verano se ha olvidado de nosotros. Los días amanecen grises, con una lluvia intermitente que a ratos te sorprende con unos rayos de sol improvisados. Como nuestras tardes de septiembre en España, antes de que el cambio climático nos desconcertara a todos con sus antojos. Con este tiempo apetece poco salir pero menos quedarse en casa, así que este fin de semana cogimos en coche en dirección Härnösand. Apenas a cincuenta kilómetros al norte de Sundsvall. Creo que no fue culpa de la ciudad pero la verdad es que era una mañana plomiza y desangelada. Tampoco ayudó que la ciudad estuviera prácticamente vacía. ¿Dónde se mete la gente? Domingo, mes de agosto, media mañana y ni un alma en la calles. Por todos esos motivos creo que la primera impresión de Härnösand no ha sido ni buena, ni mala. Descafeinada. Es una ciudad bastante más pequeña que Sundsvall, que vive de la industria y también es centro de estudios. La Mittuniversitetet, es decir, la universidad de la zona de Västernorrland tiene aquí bastante presencia. Aunque ese ambiente estudiantil que puedes esperarte aún no se aprecia. La Universidad está alejada del centro y los estudiantes aún están apurando las vacaciones.

Lo que sí estoy dispuesta a concederle a Härnösand es que está muy cuidada, hasta en el rincón más inesperado te sorprende una explosión de color. Las flores, Härnösand es la ciudad de las flores, sobre todo, de las petunias.

Otra cosa buena fue el lugar donde comimos. Un pequeño café-restaurante con mucho encanto. Nosotros nos sentamos fuera, en la terraza, aprovechando que el sol se había animado pero el interior es de lo más acogedor y un rato después estaba lleno de gente tomando su fika. Mientras, nosotros apurábamos el café y algunos pájaros como el de la foto intentaban presionarnos para que nos marcháramos ya y les dejáramos disfrutar de los restos de la comida. Estando tan cerca, seguro que volveremos. Le daremos otra oportunidad, quizá fue el día, quizá el tiempo, quizá fue el ánimo que te contagia el cielo gris.




Eso sí, apuntando queda en la agenda el trayecto desde Hänösand hasta Örnsköldsvik, bastante más al norte. Es la Höga Kusten, la costa alta sueca y dicen que es un espectáculo digno de ver. Una costa abrupta, salpicada de fiordos e islas rocosas que dan al Golfo de Botnia y está considerado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Pero para eso necesitáremos un día entero, preferiblemente con un gran sol luciendo en el horizonte.

21 jul 2013

Primera excursión: Njurunda y alrededores


El pasado fin de semana hicimos nuestra primera escapada para ir conociendo los alrededores. Nada preparado de antemano. Solo un comentario que nos hicieron: “la zona de Njurunda es bonita”. Y como hay que fiarse de los que saben,  pues allá fuimos. No nos hizo falta más: mapa en mano y la libertad de no tener ningún itinerario marcado. La carretera E4 hacia el sur y fuimos parando en los lugares que el mapa nos señalaba de interés, bien porque fueran zonas naturales, de baño, pesca o porque tuvieran algún restaurante.  

La primera parada fue accidental, en una zona residencial con un pequeño lago. Y el motivo de la parada fue que nos llamó la atención el detalle de ver gente en el lago bañándose. De hecho, después vimos algunos vecinos saliendo de casa, toalla en mano, para ir a darse el primer bañito del día. Con sus accesos propios para bajarse al lago y algún que otro embarcadero. En la orilla de enfrente, una zona de juegos para niños Sí que saben los suecos, sí. No estaba nada mal el chiringuito. Allí tomé la foto que sirvió de bienvenida para el primer post del blog.

La segunda parada fue Juniskär. Árboles, un pequeñísimo puerto con unas cuantas embarcaciones recreativas y una casita roja con una gran terraza llena de flores que hacía de café. Mientras la gente empezaba a llegar para almorzar, nosotros, que aún no nos hemos habituado al horario de comidas sueco, pedimos un fika mientras la camarera nos preguntaba extrañada cómo habían acabado dos españoles allí. Repetiremos aunque solo sea por lo relajante del sitio y por probar la comida la próxima vez.



El tiempo acompañaba y nos acercamos a Bergafjärden. Y resultó ser todo un descubrimiento. Al estar Sundsvall en la costa, en los alrededores hay muchas playas que, sumadas a los incontables lagos que hay por aquí, se convierten en el principal destino de los suecos en cuanto sale un rayo de sol. Después de recorrer un sendero por pleno bosque, de repente, apareció la pequeña playa de la foto. Allí, jóvenes, familias con sus niños y dos españoles despistados disfrutando del verano sueco.




Después de algunos kilómetros más dimos la jornada por terminada almorzando en el único restaurante de la pequeña aldea pesquera de Lörudden. Unos ventanales con vistas al mar, tartar de salmón, bacalao con pastel de queso y un helado. Y para casa. Como nuevos y con las pilas cargadas. Nos quedó pendiente pasar un poco más de tiempo en Skatan, un pequeño y animado pueblo de casitas rojas, con unas cuantas terrazas y tiendas. Mucha gente coincidió con nosotros en que era una buena opción para terminar el día y no fuimos capaces de encontrar aparcamiento. La próxima vez.